Fricase paceño

El Fricasé boliviano es mucho más que un simple caldo; es el alma de las celebraciones y el remedio infalible para renovar energías, especialmente tras la fiesta de Año Nuevo. Este platillo emblemática de la gastronomía andina destaca por su intenso color dorado, el aroma fresco de la hierbabuena y una carne de cerdo tan tierna que se deshace en la boca. Prepararlo en casa es invitar a tu cocina la esencia del Altiplano, creando un ambiente de calidez que reúne a la familia alrededor de la mesa.
Te animo a recrear esta tradición en tu propio hogar. No hay nada más satisfactorio que ver cómo la mezcla de ajíes se transforma en una salsa espesa y brillante que abraza al mote y al chuño. Con paciencia y fuego lento, lograrás ese sabor auténtico y profundo que caracteriza a la cocina de nuestras abuelas. Sigue este paso a paso para conseguir un platillo reconfortante, picante en su punto justo y lleno de historia.
Fricase de cerdo
Ingredientes
- 2 kilos de carne de cerdo: preferiblemente cortes con hueso y algo de grasa como la costilla y la pierna, troceados en presas medianas.
- 2 cucharadas de ajo: recién rallado o machacado para obtener toda su esencia y aroma.
- 1 taza de ají amarillo: molido y previamente despepitado.
- 2 cucharadas de ají colorado: molido para dar profundidad al color y sabor.
- 1 rama generosa de hierbabuena: fresca esencial para la digestión y el aroma característico.
- 3 cucharadas de pan molido: para lograr la textura espesa y aterciopelada del caldo.
- Sal pimienta y comino: al gusto, para realzar el sabor de la carne.
- Mote de maíz: cocido y tierno como acompañamiento base.
- Chuño: papa deshidratada remojada y cocida, un clásico del Altiplano.
- Pan marraqueta: o cualquier pan de corteza crujiente para soperar el caldo.
- Locoto: en rodajas frescas para quienes disfrutan de un toque picante.
- Agua hirviendo: cantidad necesaria.
Instrucciones
- Sellar y cocer la carne: En una olla grande con agua hirviendo, introduce los trozos de carne de cerdo. Es fundamental que el agua esté a alta temperatura para que la carne conserve sus jugos. Añade el ajo rallado, la sal, la pimienta y el comino. Reduce la intensidad a fuego bajo para que la cocción sea lenta y constante; esto garantiza que el cerdo quede blandito y no se arrebate.
- Preparar el ahogado de ají: Mientras la carne se cocina, lleva el ají amarillo y el ají colorado a una sartén a fuego medio. Este paso es el secreto del éxito: debes cocinar los ajíes con un poco de agua, removiendo constantemente. Agrega más agua cada vez que se evapore hasta que el ají cambie a un tono más oscuro y brillante. Este proceso de cocción prolongada evita malestares estomacales y elimina el amargor del fruto.
- Integrar sabores: Una vez que el ají esté perfectamente cocido, incorpóralo a la olla principal donde se encuentra la carne. Mezcla con suavidad para que el jugo comience a tomar ese color vibrante. Añade la rama de hierbabuena fresca; este es el truco de las abuelas para que el chancho no resulte pesado y aporte un frescor inigualable.
- Cocción larga: Deja que todo hierva por al menos dos horas. La paciencia es el ingrediente principal para que el sabor del ajo y los condimentos penetren hasta el centro de la carne.
- Espesar el caldo: Cuando la carne esté en su punto exacto de suavidad, es momento de darle cuerpo al fricasé. Espolvorea las tres cucharadas de pan molido sobre el caldo hirviendo y remueve. Verás cómo la textura se vuelve densa y suculenta.
- Servir con tradición: En un plato hondo, sirve una base generosa de mote y chuño. Coloca encima las presas de cerdo asegurándote de incluir un trozo de cuerito. Baña todo con abundante jugo caliente. Acompaña con rodajas de locoto para los valientes y, por supuesto, una marraqueta para no dejar ni una gota de esta delicia en el plato.
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